jueves 4 de agosto de 2011

GREAT NEWS

lunes 11 de julio de 2011

BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA VENEZOLANA

(O EL PARTO DE LOS MONTES)

Por Dr. Horacio Biord Castillo


La celebración, en el pasado reciente, de otras efemérides relevantes (el Sesquicentenario de la Batalla de Carabobo en 1971, el Sesquicentenario de la Batalla de Ayacucho en 1974, el Sesquicentenario de la Muerte del Libertador en 1980, el Bicentenario del Natalicio de Bello en 1981, el Bicentenario del Natalicio de Bolívar en 1983) ha hecho que el Bicentenario de la Independencia nos deje un sentimiento de decepción. Lamentablemente el gobierno no supo hacer una verdadera y sincera convocatoria a todos los venezolanos, sin distingo de sus orientaciones políticas, para unirse en un plan de celebración de tan magna fecha. Podrían ser todavía dos décadas de celebraciones y conmemoraciones: desde el 19 de abril de 2010 hasta el 17 de diciembre de 2030: desde el bicentenario del grito inicial de la Independencia hasta el bicentenario del fallecimiento del Libertador. Serían muchos y fecundos bicentenarios juntos: de la Primera República, de la primera constitución, de las constituciones provinciales, del manifiesto de Cartagena, de la Campaña Admirable, del decreto de Guerra a Muerte, de la declaratoria de Bolívar como Libertador y Padre de al Patria, de la emigración a Oriente, de la muerte de Miranda, de la Carta de Jamaica, del Congreso de Angostura, de la Batalla de Carabobo, del Congreso de Panamá, de la liberación de los países andinos, de la Batalla de Ayacucho, de las constituciones de Bolivia y Cúcuta, del último viaje de Bolívar a Caracas, de la Cosiata, del asesinato de Sucre, del fallecimiento de Bolívar…. Podrían ser dos décadas para el reexamen de nuestra historia y para la consolidación de nuestro país, de reencuentro de los venezolanos. Imaginemos, por ejemplo, como se hizo en el pasado, la reedición de obras fundamentales (recordemos la reedición de las obras completas de Bello, de las Memorias de O’leary, de la Colección de Documentos para la Vida Pública del Libertador de Blanco y Azpurua, incluso la Biblioteca Ayacucho, orgullo de la patria americana toda), la realización de congresos plurales (subrayando este calificativo). Lo que hicieron otros países, se me vienen a la mente Chile y México, por ejemplo, nos deja por contraste un sabor amargo. Lo más importante quizá sea la evidencia de que Venezuela arriba al bicentenario de su Independencia como un país escindido, con un gobierno que ha tenido aciertos y grandes desaciertos, entre ellos, no haber superado las contradicciones derivadas del inadecuado manejo de tres entidades distintas: Partido-Gobierno-Estado. Ha sido lamentable que en la celebración del Bicentenario se hayan mezclado las legítimas aspiraciones y loas por la salud del Presidente con la propaganda del régimen. Debían mantenerse, al menos la primera, separada de todo proselitismo. Si las celebraciones de las décadas de 1970 y 1980, perfectibles por supuesto, hubieran seguido ese camino de faccionalismo y parcialidades no se habrían logrado los resultados obtenidos. Aún estamos, están las autoridades, a tiempo de rectificar y hacer una convocatoria sincera y amplia para participar en esas celebraciones y conmemoraciones. Las Academias, las universidades, los centros de investigación, investigadores independientes, instituciones culturales, personajes relevantes, de dentro y fuera de Venezuela, podrían ser convocados. Iniciativas como la serie de “los olvidados del Bicentenario”, publicada por el Fondo Editorial El Perro y La Rana”, o el espíritu latinoamericanista de la cumbre de América Latina y el Caribe son, sin duda, ejemplos de buenas iniciativas del gobierno, pero a todas luces resultan insuficientes. El llamado es, pues, a las autoridades para que hagan una convocatoria más amplia y sincera y a todos los sectores aludidos a participar si se otorga la garantía de que serán escuchados y tomados en cuenta. En 1981 la Academia Nacional de la Historia invitó a la Cátedra José Gil Fortoul al Dr. Lewis Hanke, una autoridad en la historia inicial de la conquista española de América y en la figura de Fray Bartolomé de las Casas, para que disertara sobre la manera como debía rememorarse el V centenario de la llegada de Colón a América, más de una década después (en 1992). ¿Por qué no convocar a tantos intelectuales de valía que tiene Venezuela y América Latina, incluso de allende las fronteras de nuestra Patria Grande, para sopesar posibilidades en el área académica y políticas públicas?

sábado 9 de julio de 2011

UN MERO CRISTIANO



Un mero cristiano
Adentro del ropero de C. S. Lewis


Por: Ezequiel Dellutri

Desde hace algunos años que no leo biografías de cristianos. Me parece que a veces los escritores se exceden. Nos muestran las victorias del Dr. Livingston, las proezas de Martin Luther King, el compromiso de Abraham Lincoln. Nunca se arriesgan a reflejar sus momentos de dudas, sus flaquezas, sus temores. Por eso, al comenzar a hablar de C. S. Lewis, lo primero que quisiera aclarar es que fue un cristiano exactamente igual a cualquier otro: toda su vida tuvo que luchar contra un carácter fuerte, contra la soberbia que a veces se tornaba inmanejable, contra decisiones desacertadas cuyas consecuencias acarrearía durante años.

En el último tiempo se ha hablado mucho de C. S. Lewis debido al éxito cosechado por la película El león, la bruja y el ropero basada en su famosísima serie de libros para jóvenes conocida como las Crónicas de Narnia. Cualquier persona que tenga hijos, nietos, sobrinos o simplemente esté en contacto con adolescentes, habrá oído hablar de esta serie de film protagonizados por cuatro hermanos que ingresan a un mundo fantástico.

Sin embargo, no es la primera vez que el cine se anima a retratar el fascinante mundo de Lewis. En la película Tierra de sombras, el director Richard Attenborough abordó uno de los aspectos menos conocidos de la vida de Lewis, su matrimonio con Joy Gresham, una película vivencial que elude el golpe bajo en un tema que se presta para el melodrama. Tal vez hayamos visto esta película o disfrutado como niños recorriendo el mundo imaginario de Narnia sin saber que la persona que se esconde detrás de cada fotograma era un cristiano comprometido con su tiempo.

Más allá del fenómeno comercial, las tres películas estrenadas hasta el momento basadas en el mundo de Narnia, El león, la bruja y el ropero, El príncipe Caspian y La travesía del viajero del alba resultan una excelente excusa para acercarse a la vida de un cristiano tan comprometido como original.

Aunque Lewis había sido instruido en los principios del protestantismo por su padre, cuando su madre murió luego de un largo sufrimiento siendo él niño, su alma comenzó un largo derrotero que lo llevaría al ateísmo. Sin embargo, en la vida de Lewis la búsqueda espiritual siempre fue una constante. Luego de pasar varios años internado en distintos colegios de Inglaterra, es preparado por un tutor para ingresar a la universidad de Oxford. Durante este intenso período, Lewis buscará en la música y la literatura las respuestas que su vida necesita. Por momentos, llegó a atisbar en al arte efímeros destellos de la «alegría», como llamaba a la plenitud de espíritu. De todas maneras, debió pasar mucho tiempo para que Lewis considerara de nuevo el camino del cristianismo. Antes de hacerlo, terminó sus estudios y se convirtió en el prestigioso experto en literatura medieval y renacentista de la Universidad de Magdalen. Fue entonces cuando su amigo el filólogo y escritor J. R. R. Tolkien le dio la clave para encausar sus inquietudes espirituales durante una larga conversación sobre literatura y filosofía. Pensado en lo que su colega le había comentado, Lewis se convirtió al cristianismo durante una caminata por la campiña inglesa.

A partir de ese momento, nada lo detuvo en su empeño por trasmitir las verdades bíblicas. Sin caer en vanos misticismos, podemos decir que Dios utilizó la excelsa preparación de Lewis en el campo de la lengua y la filosofía para permitir que el evangelio fuese predicado de un modo imaginativo y diferente.

Lewis y Tolkien solían decir que ellos escribían los libros que querían leer y que nadie se animaba a redactar. Ambos nos legaron obras plagadas de fantasía e imaginación, brindándonos obras que encarnan lo más profundo del pensamiento cristiano para hacerlo accesible a cualquier lector: Tolkien nos habló sobre el mal, la tentación y el poder del compromiso en su monumental trilogía El señor de los anillos; Lewis nos mostró la maravilla de la salvación y la soberanía de un Dios que sabe lo que hace en sus formidables Crónicas de Narnia.

Las Crónicas de Narnia se componen de siete novelas ambientadas en un mundo imaginario. Entre castores parlantes, faunos, brujas, enanos sabios y algún que otro caballero ratón, Lewis expone el plan de Dios y el sacrificio de Cristo, representado magistralmente por el poderoso león Aslan. Utilizando la sencilla técnica de recurrir a los más tradicionales elementos de los cuentos de hadas, nuestro escritor logrará explicar a sus jóvenes lectores temas tan complejos como la redención, el mal, el libre albedrío o la voluntad divina. ¿Dije jóvenes lectores? Bueno, la verdad es que aún hoy me sigue asombrando la forma en la que Lewis aborda temas que muchas veces los adultos no tenemos del todo claros.

Pero la obra de Lewis no termina ahí. Además de numerosos ensayos literarios, un puñado de excelentes novelas de tema fantástico y unas miles de cartas, escribió algunos libros para defender la doctrina cristiana que se siguen editando aún hoy debido a su claridad y excelencia. Mero cristianismo se ha convertido en un texto clave para comprender de manera sencilla los principios de la doctrina cristiana. Ni qué hablar del lugar que merece dentro de la literatura cristiana el libro Una pena observada en el que Lewis nos muestra en carne viva la crisis interior que le produce la muerte de su esposa Joy.

Acercarse a la obra de C. S. Lewis no es aproximarse a un mito, sino a un hombre que intentó con todas sus fuerzas vivir lo que creía y transmitirlo con las herramientas que Dios había puesto en sus manos. Cometió errores, pero es sabido: sólo se equivoca quien lo intenta, y si hay algo que el viejo profesor hizo hasta el cansancio fue intentar llegar a los demás con un mensaje que aún hoy puede cambiar vidas.

Después de todo y a juzgar por el resultado, tan mal no parece haberle ido.

*Ezequiel Dellutri: Integra el equipo del proyecto Tierra Firme de RTM (www.tierrafirmertm.org). Es profesor de Literatura, está casado con Verónica y tiene dos hijos: Felipe y Simón

PARA REUNIR LOS LOCOS DE LA CASA





Héctor Torres
Desde: sacvenliteraria.blogspot.com

En su excelente Becoming on novelist, John Gardner, novelista, traductor y crítico nacido en Nueva York en 1933 y muerto apenas 49 años después, sentenció que “lo que salva al escritor la mitad de las veces es la locura que reina en su corrillo”. El que fuera profesor de escritura creativa de Raymond Carver en la Universidad de Chico, conocía esa explosiva mezcla de pasión e incertidumbre que entraña la vocación literaria del escritor joven, agregando que éste, más que nada, necesita de “un círculo de gente que valore lo que él valora, que crea, con razón o sin ella, que es mejor ser un buen escritor que un buen ejecutivo, político o científico”. El hombre, sin duda, es un animal social. Y eso lo sabía Gardner.

A lo largo de más de diez años al frente de Ficción Breve Venezolana, recibí un número significativo de correos de jóvenes que buscaban orientación para consolidar su vocación literaria. Muchos de ellos no querían tanto información concreta como apoyo para esa incierta decisión de “escribir en serio”. Algunos disfrazaban esa necesidad atacando al “cerrado mundo literario venezolano”.

Responder correos de este tipo con cierta frecuencia me hizo pulir mis argumentos al respecto. En todo oficio, les decía, hay personas susceptibles e inseguras que ven en la novedad un peligro. Pero esto no es una característica exclusiva del mundo de la literatura. Al contrario, siempre tuve a la mano nombres de reconocidos escritores, no sólo dispuestos a respaldar a las nuevas voces, sino ávidos por conocer de su existencia.

En todo caso, seguía argumentando, la literatura es tanto una actividad íntima (a efectos de creación), como social (a efectos de difusión), y hay que prestar atención a ambos aspectos. La del escritor huraño encerrado en su burbuja y descubierto por un editor “con ojo”, es una idea tan romántica como delirante.

El escritor novel, entonces, debe darse a conocer por dos razones: La primera, para despertar interés por su trabajo (todo eso que entra dentro de la etiqueta “hacerse un nombre”), y la segunda, porque en tanto hace vida social con otros en sus mismas circunstancias se sentirá menos incomprendido por el mundo.

De ahí que, ante la pregunta, ¿para qué sirven los talleres literarios?, la única respuesta sensata e irrefutable sería: para que los locos de cada casa sepan que no están tan solos. Que, aunque no se vean por la calle, hay muchos como ellos.

Y no sólo son los talleres literarios los sitios que reúnen a “los locos de cada casa”. Las tertulias y encuentros de literatura (como la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, que reunió durante cinco ediciones a 75 voces emergentes de la narrativa venezolana; o las Noches de Poesía, que un viernes de cada mes reúne a maestros y aprendices de poetas en una misma mesa desde hace varios años; por nombrar dos casos), así como los concursos literarios, son espacios que propician no sólo esa vital convergencia para la confirmación de la vocación, sino para que el nombre del aspirante a escritor sea, dada su constancia en luchar contra los escollos, de interés para el mundo en el que aspira (así lo niegue) ser legitimado. La brisa fresca que sopla desde hace varios años en la literatura venezolana contemporánea tiene en estas instituciones un agente fundamental. Tanto, que conforman un circuito más o menos definido, lo cual se puede verificar en las notas biográficas de muchos autores que han desarrollado su obra en la última década.

Sucede con algunos talleres (institucionales o dictados por figuras que han mostrado genuino interés por las generaciones de relevo, como Noguera, Liendo, Marcano o Centeno, por nombrar algunos en narrativa). Y con los concursos, muchos de los cuales se mantienen vivos más por la tozudez de sus organizadores que por sentido común. De estos, son tres los que se repiten con más frecuencia en las fichas de estas nuevas voces. Tienen en común el estar ya consolidados en su convocatoria y agregar al premio en metálico el incentivo de la publicación.

Ellos son: El Concurso Nacional de Cuentos de Sacven, de carácter bienal y con 7 ediciones a cuestas; El Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores, para menores de 40 años y ya en su quinta edición; y el Concurso para Obras de Autores Inéditos Monte Ávila, en su novena convocatoria actualmente. Agrego a estos, el naciente Premio Nacional Universitario de Literatura, que ya va hacia su tercera edición y es para estudiantes de las universidades venezolanas, con el apoyo de la editorial Equinoccio.

¿Que son justos? ¿Que son infalibles? No necesariamente lo sean, pero los concursos literarios son los eventos que, cuando el viento está a favor, hacen la labor de llamar la atención del mundo sobre el nombre del bienaventurado. Lo demás, todo lo demás, lo debe hacer su persistencia, su instinto y su esfuerzo.
Pero esos espaldarazos ayudan. Y es tanto lo que está en contra, que lo sensato es aprovecharlos.

Publicado originalmente en SacvenCreativa el 31/01/2011

martes 14 de junio de 2011

AL MAESTRO, CON CARIÑO




(A la memoria de don Oscar Sambrano Urdaneta)


Hay profesores, maestros, que pasan por la vida de sus alumnos sin dejar más que un recuerdo. Otros, sin embargo, dejan una huella: el impulso de hacer alguna cosa en beneficio de los demás: el deseo de construir una obra: el ejemplo de sus virtudes, aun por encima de sus defectos. Y los estudiantes acostumbramos a mirar a los profesores, a pesar de ese tránsito de rebeldía que es la juventud temprana, como personas que están en otro nivel. Y muchas veces deseamos imitarlos.
Cuando yo estudiaba el tercer año de secundaria, llegaron al liceo tres profesores nuevos: César Quijada, Antonio Hernández y Ramón Rodríguez. Estos profesores, recién graduados, dejaron una honda huella en nosotros. De una u otra forma influyeron en el cambio de nuestros paradigmas y nos empujaron hacia una vida estudiantil más rica.
Lo mismo hicieron, pero con mayores conflictos y mayor interacción, nuestros profesores del Instituto Pedagógico de Caracas. Del profesor Torrealba Lossi, aprehendí el respeto y la valoración de la obra de los grecolatinos. De la profesora Minelia de Ledezma, aprehendimos la sincera dureza, la revisión de las obras más allá de la escritura. De Manuel Bermúdez aprehendimos a no tomarnos en serio y la sed de estar informados. De Oscar Sambrano Urdaneta, aprehendimos la elegancia en el actuar y en el decir, las maneras que llevaron a muchos a llamarlo El Príncipe.
II.
Pero Oscar Sambrano Urdaneta fue más que un docente. Ante todo, fue un trujillano de cepa. Además, fue un investigador. Desde su juventud, y bajo la tutela del ilustre conocedor de la Literatura Venezolana, don Pedro Grases, entró en contacto con la obra de Andrés Bello, que fue su gran pasión. Investigó e hizo un gran intento, por plasmar la historia y la historiografía de la literatura venezolana, que se trasluce en sus libros. Y, en general, fue un hombre cuyo designio aceptado era la construcción y deconstrucción de la escritura literaria.
En una etapa de su vida, fue Ministro de la Cultura, Presidente del CONAC. Allí, abogó por las reivindicaciones de los trabajadores internos y los trabajadores de la cultura. Era su meta conseguir un local propio, adecuado para el CONAC, así como había hecho para La Casa de Bello, que antes, antes, fue un espacio abierto a los investigadores académicos.
Propició las publicaciones y la distribución de los libros. Toda su obra devino en su nombramiento como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, la cual presidió posteriormente.
III.
Ahora, descansa. Yolanda, su compañera de toda la vida, está a su lado y lo estará. Como están en su entorno los lamentos de los muchos que fuimos sus estudiantes y, con su ejemplo, construimos parte de nuestras vidas.

Milagros Mata-Gil

OSCAR, EL BELLISTA



(Por E.A. Moreno Uribe)


María Polonia desde el lejano Boconó lo mantuvo vivo y estudiando en el caraqueño Instituto Pedagógico Nacional con la venta de dulces. Enviaba 300 bolívares mensuales para los gastos básicos de su hijo Oscar Sambrano Urdaneta, nacido el 6 de febrero de 1929, hasta que este, a instancias del profesor Pedro Grases, aceptó ser oficial de la Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello, presidida por Rafael Caldera, cargo por el cual iba a cobrar 280 bolívares quincenales, un dineral para un muchacho de 20 años. ”Con ser entonces muy significativa aquella remuneración, y tan oportuna para mi sostenimiento en las pensiones donde solíamos vivir los estudiantes venidos de provincia, lo que más entusiasmo me proporcionó fue trabajar bajo la dirección y el magisterio personal de don Pedro”

Así, aquel veinteañero ingresó a la quinta Villafranca del Panedés, en la avenida Mohedano de La Castellana, residencia de Grases y su familia, ”lugar remoto y apacible hace más de medio siglo, metamorfesado en arteria palpitante de la urgencia capitalina”, donde tuvo su sede por años la Comisión Editora, como lo reconoció él, ahora presidente de la Academia Venezuela de la Lengua.

Ahí se sumergió en la historia y la obra del Primer Humanista de América, de las cuales nunca más salió y ahora se ha convertido en uno de los venezolanos bellistas más reputados y con una copiosa producción sobre el más importante de los héroes civiles de Venezuela: Andrés Bello (Caracas, 29 de noviembre de 1781-Santiago de
Chile, 15 de octubre de 1865).

ÉL no sabía de Bello nada, hasta que comenzó a trabajar en la casa de su profesor. Y confiesa que le resultaba fastidiosisima su gramática y hasta ilegible su Silva a la agricultura de la zona tórrida. “De pronto empiezo a deslumbrarme al conocer todo lo que ese hombre escribió y ese amor que había tenido hacia su patria, a pesar de los pocos años que vivió en su país, por razones ajenas a su voluntad. Desde entonces todo cambió. Tuve el privilegio de que mi maestro me asignara la tarea de descifrar los borradores de las Silvas Americanas y de lo que llegó ser el poema inacabado Poema América. Fue de verdad una tarea ímproba si se tiene encuenta que el propio Bello, en carta de 1864, escribía:’mi letra es enteramente inteligible aun para mismo después de algunos días de escrita’. Me interné durante muchos meses en aquella selva encantada, en una maraña espléndida de versos tachados y no tachados, los cuales yo debía hacer el esfuerzo por descifrar siguiendo el orden en que Bello los había escrito. No sé como pude lograrlo, pero lo cierto es que ahora constituyen uno de los tomos más novedosos de la edición caraqueña de las obras de Bello, titulado Borradores de Poesía, con un prologo excelente del crítico Pedro Pablo Barnola (SJ.)”.

Entre aquellos materiales poéticos, cuyos paisajes iba descubriendo a medida que se internaba en ellos, le deslumbraron los fragmentos relativos a Venezuela, porque era el testimonio irrecusable de que se había llevado a Venezuela impresa en el alma, y que “allí la mantuvo viva y fresca, punzante a veces como una espina, gozosa tambien cuando el recuerdo amable y la nostalgia poética sustituían una realidad sombría, durante su larga y definitiva ausencia de la tierra donde había nacido y vivido hasta
los 28 años”.

Recuerda que fue Pedro Grases quien propuso, durante los años 40, a las autoridades del Instituto Pedagógico Nacional la creación de un Patronato Pro-Estudios de Andrés Bello, entidad que tendría por objeto organizar, analizar, estimular y difundir la actividad bellista en Venezuela, por intermedio de cursos, conferencias, ediciones, concursos, etcétera, con el fin de proyectar y actualizar las enseñanzas y el ejemplo del notable humanista caraqueño.

De ahí nació el proyecto para editar toda su obra completa, gracias a Grases, cuya contribución fue tan amplia y fehaciente que Uslar Pietri sentenció que no se puede abordar ningún tema de la cultura venezolana del siglo XIX sin encontrarse con la huella de don Pedro.

Valores

El paso de los años no ha desgastado el alma ni los sentimientos del luchador hijo de María Polonia, salvo que el actual veterano escritor y crítico –ahora vive en la quinta “Tierra Firme”, acompañado por su esposa Yolanda y las voces de sus dos hijas y nietos- se operó recientemente los ojos por unas cataratas que no le permitían disfrutar plenamente de los libros, a los cuales dedicó toda su vida, aunque ahora se mueve en los mágicos meandros de la televisión. Conduce el programa Valores, desde el 10 de julio de 2006, que transmite ValeTV en estreno dominical a las siete de la noche y lo retransmite de lunes a viernes, donde el tema no puede ser otro que la cultura venezolana en todas sus dimensiones. ”Le puse Valores en memoria de Arturo Uslar Pietri, quien dio cátedra de televisión cultural con su espacio Valores Humanos. Es posible que hagamos una edición con los 50 primeros programas, como me lo han sugerido unos amigos”.

lunes 25 de mayo de 2009

LA GOTA HORADA LA ROCA





... no por su fuerza, sino por su constancia.

(Atribuida a Ovidio)
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ORACIÓN


Oh, Señor, ilumina nuestras vidas y humedece nuestros labios. Somos los sobrevivientes. Sobre nosotros, ha venido toda tribulación y hemos sido pacientes, aún frente a la iniquidad, los agravios y la injusticia. Hemos abandonado toda comodidad y prosperidad, voluntariamente nos hemos sometido a sufrimientos y adversidades crueles, permaneciendo en el sendero de Tu Amor. Y aún así, estamos cautivos todavía y nuestros carceleros se ensañan, pues persistimos en andar dentro de la rectitud y la ley. No hay quien nos ayude, no hay quien nos ofrezca amistad. Por el contrario, muchos de nuestros amigos se han alejado.

Oh, Señor, nuestras almas han probado la agonía, la turbación, la incertidumbre y el miedo, tolerando por Tu Amor la indignidad que los tiranos nos han infringido. Escúchanos ahora, libéranos de la opresión de los que con fuerza empuñan las armas, no permitas que nos destrocen con uñas y dientes. Estamos de pie humildemente ante Ti.

Oh, Señor, fortalécenos con un espíritu nuevo, ilumina nuestros ojos que ya no tienen lágrimas, enséñanos tus maravillas en la oscuridad de la noche, enséñanos ese día en el que volvamos a ser hermanos en un sitio lleno de árboles frondosos, cargados de frutos, abre ante nosotros las puertas de un mundo feliz y que soplen sobre nuestros hijos las frescas brisas de tu poder.

Si hemos sido indignos de Tu Bondad, perdónanos, como nosotros personamos a los que nos afligen. Sigue protegiéndonos pues sólo por Ti no hemos perecido. Y permítenos volver al hogar. Amén y amén.


Por todos esos que hoy son insultados y perseguidos en nombre de la Justicia. Especialmente por los comisarios y poicías condenados a penas desproporcionadas, aún sabiéndolos inocentes. Y por los antiguos trabajadores de PDVSA, que perdieron todo por causa de la injusticia de este régimen.